LA CONSTRUCCIÓN DEL PAISAJE ROMÁNTICO EN LA PINTURA DE CARL ROTTMANN
Textos: Lola Soto Vicario
“(…) poder jugar con el espacio, con la figura solitaria sobre un gran lienzo. Siempre resulta algo misterioso, ya sea en un cuadro o en una película; ver una figura solitaria evoca todo tipo de cosas en la imaginación. Aparecen de pronto estos personajes misteriosos y desaparecen con la puesta de sol. Puedo jugar con este misticismo (…)”
Clint Eastwood, director cinematográfico (1)
Planteamos en este estudio un análisis de la obra paisajística que Carl Anton Joseph Rottmann (Handschuhsheim, 1797 - Munich, 1850) realizó para Ludwig I de Baviera, una propuesta desarrollada únicamente desde el ángulo de la pintura y los agentes plásticos que consideramos más destacados en este autor. Comentamos en notas anexas las circunstancias históricas en las que Rottmann llevó a cabo sus diversas series de paisajes sobre Grecia (2), así como los temas representados en los motivos (3). Por nuestra parte, tan sólo nos centraremos en profundizar en cómo están pintados los paisajes en función del mensaje que el artista pretende transmitir. Partimos de la base de que se trata de paisajes compuestos en el estudio a partir de numerosos bocetos y dibujos tomados in situ por parte de Rottmann a lo largo de su periplo por Grecia.
Sabemos que en el Romanticismo alemán, los paisajistas se plantean principalmente construir grandes escenarios pictóricos con una expresión abierta, directa y visualmente muy poderosa que plasme la idea de grandeza y dignidad de unos lugares particulares, impresión que Rottmann logrará a través de medios básicamente visuales; hay que dar al paisaje una apariencia extraordinaria e insólita que transporte al espectador a aquellos lugares remotos que se representan, en este caso la Grecia esplendorosa como nuevo estado alemán. Se impone trasladar a equivalentes pictóricos la experiencia que el artista ha tenido de la naturaleza vista y experimentada, y crear una composición a partir de los elementos formales más representativos de ese paisaje.
En líneas generales observamos que, mientras las obras más tempranas de esta serie se caracterizan por tonalidades claras y una mayor sobriedad en la puesta en escena, en cuadros posteriores se hace evidente un mayor dramatismo compositivo y también en la manera de abordar la iluminación, lo que genera un interés plástico muy significativo.
Ludwig I de Baviera, enamorado de la cultura clásica, encarga al pintor un conjunto de obras a modo de imponentes escenas de paisaje para ser ubicadas en unos espacios amplios y poder ser contempladas en conjunto (2). En las propias obras, la unidad y globalidad también serán rasgos esenciales a tener en cuenta: la filosofía romántica de la Naturaleza está basada en la existencia de un principio de unidad natural, y toda su diversidad y complejidad deben ser comprendidas y expresadas a partir de una idea general de totalidad, en lo que se refiere a la construcción de la luz, el tono, la forma y la composición. Para lograrlo sobre la superficie del cuadro, un pintor romántico como Rottmann propone construir una atmósfera, una ambientación de luz y color que integre todas las partes mediante una ejecución a base de pinceladas difusas, sobre todo en los últimos planos, modeladoras de las formas naturales.
Reubicación de los paisajes de Grecia de Carl Rottmann en la Neue Pinakothek, Munich
Los grandes formatos de Carl Rottmann en la Neue Pinakothek, Munich
Existe un énfasis evidente en conseguir una visión estática y permanente de la Naturaleza; no interesa lo accidental o lo circunstancial, sino que la Naturaleza, entendida como una globalidad, debe evocar que en ella existe un orden interno pre-establecido. Las atmósferas difusas, logradas con poca capa de color y una dicción pictórica más cerrada, expresan un tiempo escénico paralizado o estancado. Las formas no aparecen recortadas, sino que se integran perfectamente en su fondo mediante un suave modelado. En los formatos definitivos apenas hay pinceladas más acusadas, ni manchas móviles o yuxtapuestas, salvo en algunos celajes más audaces o en los primeros planos. La factura de estas obras está concebida quizás con menor libertad gestual, a través de unos contornos y un dibujo sutil que define y describe las cosas delicadamente y a la manera clasicista, y queda determinada siempre por el carácter idealizador de la composición. En general, hay un gusto por lo pintoresco, y la naturaleza es presentada en su expresión propia y su estado más profundo y sublime.
“Sición con Corinto”. Hacia 1836
Sin embargo en los fondos, apreciamos un interés manifiesto por la indefinición, generadora de profundidad: el paisaje se deshace, se vuelve evanescente mediante la síntesis de la mancha, la difusión suavizada de la luz, el uso de la perspectiva aérea que funde los contornos de las formas y una abstracción atmosférica patente lograda igualmente mediante tenues degradados tonales que viran de una gama a otra con una técnica flexible, y en ocasiones más expresiva, evocando todo el esplendor diáfano de las escenas. Los paisajes de toda esta serie aparecen básicamente descritos en términos de luz y de atmósfera.
En cuanto a la técnica utilizada en toda esta serie, cabe decir que Rottmann desarrolló un sistema de planchas o paneles de yeso transportables sobre los que ejecutó las obras entre 1838 y 1850, para adecuarlas a un emplazamiento al exterior en forma de murales. También buscó nuevas soluciones técnicas que permitieran obtener una mayor profundidad, riqueza y durabilidad del color, en comparación con la técnica del fresco utilizada con anterioridad. Rottmann inició la serie empleando curiosamente como medio la pintura a la encáustica, un procedimiento originariamente griego que garantizaba la permanencia de las obras y que había sido desarrollado anteriormente por el pintor alemán Franz Xaver Fernbach. Como sabemos, la encaústica, basada en un proceso a base de pigmentos y cera caliente, permite empastes espesos, efectos transparentes o una opacidad completa. Sin embargo, Rottmann no quedó satisfecho con el resultado pictórico logrado, por lo que en 1840 cambió a una técnica más tradicional a base de óleo modificado con resinas y cera más satisfactoria, aunque tenía sus dudas sobre la durabilidad de estos materiales todavía experimentales en su tiempo. Finalmente las obras se expusieron definitivamente en un espacio interior, para su mejor conservación y permanencia.
La preferencia por las vistas lejanas es, como sabemos, un rasgo característicamente romántico por el concepto poético de que las cosas, vistas en la distancia, resultan más sugerentes y sublimes, y producen una mayor fascinación en el espectador, en contraposición a lo muy nítido o lo cercano. En las primeras décadas del XIX hay un gusto muy extendido por representar lo inabarcable, lo inconmensurable. Y Rottmann, como romántico alemán, es un autor que acude al uso de grandes vistas panorámicas que abarcan amplias distancias y lejanos horizontes azulados, construidas para conseguir una sensación aérea, diáfana e infinita.
“Paisaje griego”. Antes de 1850
Por su parte, vemos que la luz aparece realzada mediante una construcción completamente subjetiva, y deliberadamente se enfatiza el aspecto a veces misterioso y siempre majestuoso del paisaje. La importancia del claroscuro es esencial en todos estos grandes formatos y se mantiene como una constante en la pintura romántica, con la intención de sobrecoger e impresionar profundamente al espectador, así como de crear espacialidad escénica. La marcada oposición entre luces y sombras gracias a la utilización de valores medios-altos en la escala tonal provoca un dramatismo en el paisaje muy evidenciado, que produce en el espectador sensaciones de temor y fascinación provocados por unos escenarios imponentes, unos territorios vastos traspasados por iluminaciones crepusculares, rasantes, de oscuridades y penumbras, todo ello fruto de la invención del pintor, con preferencia hacia celajes tempestuosos y violentos.
“Pronia”. 1847
“La Batalla de Maratón”. 1849
“Micenas. Tumba de Atreus”. 1836
Vemos que estos cielos sombríos y de ambientación torva se construyen con pinceladas ciertamente más enérgicas e impulsivas, de mayor síntesis y gestualidad, por lo que resultan ser la zona visualmente más activa, y a nuestro juicio, la más atractiva y sugerente en la composición. Hallamos, como expresión más rica y variada, barridos y arrastres de brocha más secos en la construcción de tierras y celajes lejanos, que también adoptan composiciones “en vórtice” muy en el estilo de J.M.W. Turner. El acusado claroscuro, generador de sensaciones de gran profundidad espacial, sirve también para establecer los diferentes términos y organizar la percepción de la distancia en el paisaje. Así, la luz es el agente deliberadamente manipulado por el pintor, siempre con una finalidad expresiva.
Siguiendo con el tema del tratamiento de la pincelada y la expresión pictórica de Rottmann, hay que decir también que los bocetos y apuntes preparatorios a las obras definitivas están realizados con una dicción más "rota", más abierta, suelta y espontánea. Llevará a cabo numerosos apuntes y estudios al óleo sobre papel, lienzo o cartón para otras obras sobre paisajes alpinos en los que obtiene resultados distintos, más ricos en nuestra opinión, de mayor pictoricidad. En las obras definitivas del ciclo sobre Grecia, sin embargo, la pincelada resulta ser más pulida, insistida y dibujística en la definición de los detalles, siempre fiel modeladora de las formas.
“El monte Hohe Göll en el último resplandor”. Hacia 1845
“Acantilado en el mar Egeo”. Hacia 1845. Boceto al óleo sobre papel
“La llanura de Esparta”. Hacia 1834-1835. Esbozo sobre papel a la acuarela
“Cementerio cerca de Nauplia”. Hacia 1841–47. Boceto al óleo
Como hemos mencionado, el contraste es, en definitiva, el agente plástico portador de todo el dramatismo y el aspecto sobrecogedor de las escenas cuando es pronunciado, y menos marcado en las lejanías más diáfanas representadas en los fondos. Estas obras son un ejemplo del más puro wagnerianismo traspasado a la pintura. Así, Rottmann crea escenarios atmósfericos muy cercanos a lo teatral, impregnados de una gran sonoridad e impacto visual, de una intensa solemnidad y espiritualidad, sin división ni fragmentación. Resultan como ambientaciones visionarias unificadoras del espacio y presentadas mediante luces medias o bajas, y en otras ocasiones de mayor claridad, combinadas con efectos atmosféricos realizados con barridos de brocha o pincel que logran transportarnos un mundo clásico, remoto y terrible, o sereno, claro e idealmente lejano, pero siempre soberbio.
“Costa griega con tormenta”. 1849-1850
“Vista de Egina, con los restos del Templo de Apolo”. 1836-40
“Maratón”. Hacia 1848
El enorme efecto de profundidad espacial de estos cuadros se alcanza mediante un sutil escalonamiento de tonos muy claros, una disminución en la intensidad del color en los fondos y el uso libre de la iluminación, aplicando zonas de luz máxima junto a otras en sombra a libre elección del pintor, sin someterse a ningún naturalismo ni a ninguna intención de mímesis realista. Las zonas plenamente iluminadas y las áreas muy sombreadas se yuxtaponen alternativamente, según interesa a Rottmann. Todo ello, junto a la posición elevada que adopta el pintor, hacen que las escenas parezcan vistas desde lo alto, como captadas a vista pájaro. Se construye un espacio en profundidad mediante la sucesión de planos dispuestos como estratos yuxtapuestos hacia el fondo de las escenas, sugiriéndose lo indefinido, en definitiva, el infinito.
La monumentalidad en la elección de los formatos también tiene su razón de ser: el paisaje debe llegar a envolver y sobrecoger intensamente al espectador; toda la serie sobre Grecia realizada para ser ubicada en la arcada del Hofgarten de Munich (un parque de estilo renacentista) y finalmente dispuesta en el interior de la Neue Pinakothek de la misma ciudad, está compuesta por formatos de unas dimensiones de 161,7 x 205,7 cm.
En cuanto a la composición, encontramos algunas obras compositivamente “cerradas” por los bordes superiores, lo que hace que se perciban como un conjunto recogido en sí mismo de connotaciones más introspectivas y reflexivas.
En las composiciones de Rottmann advertimos escasos acentos verticales que dejan paso a un marcado desarrollo horizontal del paisaje, buscando expresar en ocasiones impresión de equilibrio, serenidad y estabilidad. Se concede mayor relevancia a la zona ocupada por el cielo, que abarca un espacio más amplio en el formato, lo que intensifica en gran medida la sensación de libertad, amplitud y distancia. Los cielos románticos son siempre la fuente de donde proviene la luz, la emotividad y la más pura y directa expresión pictórica, ya sea clara o sombría. La composición como totalidad se revela como una inmensa escena teatral idealmente transfigurada, muy en el estilo de Claudio de Lorena.
“La fuente de Callirrhoe en Atenas”. Hacia 1848
En las composiciones de Rottmann las diagonales en el espacio plástico, aunque no abundan, si existen, y vemos que no siguen unas líneas de fuga para sugerir la profundidad, sino que el artista prefiere que el sentido de horizontalidad domine y los planos aparezcan dispuestos en varios estratos más o menos paralelos.
“Esparta con los montes Taygetos”. Hacia 1840-1841
Por otro lado, la figura humana aparece esporádicamente representada a reducida escala, lo que contrasta abiertamente con las grandiosas escenografías en las que aparece insertada y en las que se diluye totalmente. Es la expresión más contundente de la melancolía del hombre solitario en la naturaleza, o la representación de unos personajes locales que forman parte de la historia del cuadro, dispuestos en medio de un entorno natural vigoroso, severo y sublime, o diáfano, amable y resplandeciente, que domina y lo es todo en el cuadro y los llega a engullir.
“Paisaje con tormenta cósmica”. 1849
“Delos”. Hacia 1840- 1848
En lo referido al color, cabe destacar un uso más libre en este ciclo de paisajes de Grecia, que expresa un deleite ciertamente sensual en algunas obras: así, es notoria la fuerza deslumbrante del cromatismo con el que Rottmann resuelve algunos celajes, aunque en general el gusto por una construcción cromática a base de matices será una constante en toda la serie. El tono es el agente plástico que otorga unidad visual al conjunto, e integra todos sus elementos bajo una misma apariencia, sin apenas disonancias, siguiendo ese principio de totalidad y armonía observado en toda la pintura romántica de paisaje. De esta manera, la unidad tonal apaga el posible "vocerío" llamativo de cada colorido individual, pues la obra de arte romántica debe constituirse como un todo en sí misma, y el tono debe dominar sobre los colores aislados, de modo que las formas aparecerán a la vista como formando parte de un conjunto, dentro de una atmósfera globalizadora. Salvo algunas excepciones, la moderación y el equilibrio cromáticos son una tendencia en este ciclo de paisajes griegos, con una libre elección de las gamas frías o cálidas según los motivos representados; más luminosas y claras en contraposición con otras más sombrías, según la temática de las obras. Sin embargo, los contrastes cromáticos también aparecen, y sirven para orientar y dirigir la mirada del espectador dentro del espacio plástico.
“Epidauro”. 1849
“Paisaje griego en la Isla de Egina”. Boceto. 1842-1845
Finalmente citaremos la ruina como elemento romántico recurrente también presente en estos paisajes, y que demuestra una sensibilidad especial hacia el pasado y hacia el mundo de la antigüedad clásica por parte del pintor, y muy del gusto de Ludwig I. Arquitecturas clásicas en ruinas ubicadas en la lejanía o en un plano medio, con ambientación de fondo empleando una luz crepuscular en una suave entonación, nos transportan a unos parajes exóticos y lejanos con una intencionalidad básicamente estética y connotaciones de melancolía y fascinación nostálgica.
“Egina con el Templo de Afaya”. 1841
“Ruinas de Sición con el monte Parnaso”. 1839
“Tirinto”. 1834. Apunte a la acuarela
En definitiva, la construcción de los paisajes-murales de Carl Rottmann resume una particular mirada romántica hacia el paisaje contemplado, experimentado y esbozado en apuntes, y después idealizado en grandes composiciones. Este proceso se materializa en unos panoramas abiertos, donde todas las partes, hasta el elemento humano, están integradas y armonizadas entre sí mediante una manera de hacer difusa, una pintura de matices basada en la perspectiva valorista que compone vastos espacios en profundidad poblados de sombras y luces extremas: Rottmann inmortaliza una Grecia quemada de sol, de celajes amenazantes y horizontes infinitos. Una visión que finalmente se redujo a veintitrés obras murales, cuya realización le llevó a Rottmann casi un tercio de su vida.
“(…) Para que ese poema sobre las nubes pudiera surgir, fueron precisos largos y serios estudios atmosféricos, hubo que observar, juzgar y diferenciar, hasta alcanzar no sólo un conocimiento acerca de la formación de las nubes como el que garantiza la simple observación sensorial, sino ese otro conocimiento que tan sólo es fruto de la investigación. Tras todo lo cual, la mirada del espíritu reunió y compuso las distintas facetas que irradiaba e fenómeno, y devolvió reflejado el núcleo del conjunto en una apoteosis artística. (…)”
Carl Gustav Carus (4)
Carl Rottmann en la Neue Pinakothek, Munich
OTRAS OBRAS DEL CICLO DE PAISAJES MURALES SOBRE GRECIA DE CARL ROTTMANN
"Corinto con el Acrocorinto". 1847
"Áulide". 1847
"Eleusis". 1843
"Lago Kopais". 1839
"Esparta-Ebene". 1841
"Olimpia". 1839
"Tebas". 1842
NOTAS
1. Extraído de “Clint Eastwood: el francotirador” (2007). Emitido en Documasters de La Dos. RTVE. En Septiembre, 2021.
2. Circunstancias históricas de las obras murales de Carl Rottmann: en 1826-27 Carl Rottmann había viajado a Italia para ampliar su repertorio de motivos, que hasta entonces había consistido en paisajes locales alemanes. Tras su regreso, el monarca Ludwig I le encargó pintar un ciclo monumental de paisajes italianos en las arcadas del Hofgarten de Munich. Esta serie de frescos, terminada en 1833, expresó vivamente la conexión de Ludwig I con Italia y elevó la pintura de paisaje como género autónomo al mismo nivel de la pintura de historia.
Tras la proclamación de su hijo Otto como rey de Grecia en 1832, Ludwig I de Baviera, admirador también de la Grecia antigua, encargó a Rottmann una serie de obras que otorgaran expresión monumental a la alianza entre la potencia alemana de Baviera y el nuevo estado en territorio griego. La empresa más relevante en el campo del paisajismo pictórico fue la serie sobre paisajes de Grecia que Rottmann realizó en forma de grandes murales entre 1838 y 1850.
En la primera planificación se optó por realizar 38 motivos. Rottmann partió hacia Grecia en 1834 para recopilar el material de estudio y viajó por varias regiones del país, un viaje en el que experimentó penurias y disturbios. El resultado fueron diversos estudios de motivos individuales, amplios panoramas en bocetos a lápiz y acuarela básicamente descriptivos, e incluso las primeras vistas ejecutadas al óleo. "Como vampiros, deambulamos por los lugares famosos, y con ojos codiciosos absorbimos su belleza", escribió Rottmann en una carta a su esposa, describiendo esta búsqueda, selección y captura de escenarios que duró meses. A finales de 1835, Rottmann regresa a Munich y utiliza todo este material para desarrollar las composiciones de los murales que debe presentar a su cliente Ludwig I.
El número de murales se fue reduciendo paulatinamente de 38 motivos iniciales a 23 a partir de 1840. A pesar de la decisión del rey de no exponer las imágenes a las influencias climáticas de un emplazamiento exterior sino mostrarlas en un interior, se mantuvieron los paneles de yeso, pesados y difíciles de manejar. A partir de 1853 las escenas estuvieron expuestas en una sala especial de la Neue Pinakothek de Munich que llevaba su nombre (Rottmann-Saal, Neue Pinakothek). En ese año se presentaron definitivamente al público en dicha sala de la recién inaugurada Neue Pinakothek en Munich. El ciclo sobre Grecia le valió a Rottmann el ser nombrado pintor de la corte en 1841. Recuperado de: https://www.pinakothek.de/
3. En cuanto a los temas de las obras, los lugares y vistas de particular significado en la antigüedad dominan en la selección de motivos de la serie monumental encargada por Ludwig I. Ciudades con poder político y económico como Corinto, Esparta y Tebas se alzan junto a otras de importancia cultural, como Sición, sede de la famosa escuela de pintura, u Olimpia, santuario y sede de los juegos. Rottmann escenificó los paisajes como testigos independientes de grandes acontecimientos históricos. También figuran lugares que se han hecho célebres a través de hechos históricos, como Maratón, y otros del pasado mítico, como Áulide. Los lugares relacionados con la historia contemporánea tan solo están representados en un caso: Pronia cerca de Nauplia, donde el rey Otto pisó por primera vez suelo griego. Recuperado de: https://www.pinakothek.de/
4. Véase CARUS, C.G.: Cartas y anotaciones sobre la pintura de paisaje. La balsa de la medusa. Visor. Madrid, 1992. Pág. 119.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
AAVV: Los paisajes del Prado. Ed. Nerea. San Sebastián, 1993.
CARUS, C.G.: Cartas y anotaciones sobre la pintura de paisaje. La balsa de la medusa. Visor. Madrid, 1992.
HONOUR, H.: El Romanticismo. Alianza Forma. Madrid, 1992.
MAYER, R.: Materiales y técnicas del arte. Tursen Herrmannn Blume Ediciones. Madrid, 1993.
NOVOTNY, F.: Pintura y Escultura en Europa. 1780-1880. Cátedra. Madrid, 1992.
WEBSITES CONSULTADAS
https://www.museen-in-bayern.de/home/
https://www.britishmuseum.org/
https://eurotas.wordpress.com/
https://sammlung.staedelmuseum.de/en
Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de la bibliografía y las páginas web referenciadas anteriormente.
Las conclusiones de este estudio sobre cuestiones meramente plásticas son originales y están basadas en la observación directa por parte de la autora de la obra paisajística de Carl Rottmann en el Alte Nationalgalerie de Berlín.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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Lola Soto Vicario